Entrevista a Raquel Franco (Pequeño Editor): "Hay un trabajo activista que tenemos que hacer los editores para darle valor a la cultura escrita"


Cada año, cuando termina el curso Editar para niños: cómo se construye un catálogo, no puedo dejar de admirar los trabajos de los alumnos cuando entregan la entrevista con un editor o editora.  Son entrevistas que dejan ver todo lo analizado en el curso: desde la parte más romántica del oficio de editar hasta las menos prosaicas como la comercialización. La editorial Pequeño editor funciona entre Uruguay -donde viven Ruth Kaufman y Diego Bianki- y Buenos Aires -donde está Raquel Franco-. Y es con Raquel que Marcela y Natalia se animaron a preguntarles algunas cosas sobre esta editorial que ya cumple 15 años de actividad y sigue siendo rabiosamente independiente. Marcela Mangarelli es editora y Natalia Volpe ilustradora, así que esta entrevista me pareció redonda por muchos motivos y es un placer poder publicarla en este blog. ¡Muchas gracias, chicas!

Entrevista a Raquel Franco

Por Marcela Mangarelli y Natalia Volpe*


Desafío. Es el condimento principal que bañan las palabras de Raquel Franco, directora editorial de Pequeño Editor, para hablar del oficio de producir libros de manera independiente en la Argentina. Donde la combinación de originalidad, calidad, sentido y economía acompañan los 15 años de trabajo que están por celebrar.

Raquel, ¿Cuál es tu formación y cómo comenzaste a trabajar en el mundo editorial?
Soy licenciada en letras en un momento en que la única perspectiva para un licenciado en letras era ser crítico literario o profesor de literatura. Pero tuve la suerte de empezar a trabajar en la editorial Aique, que hacía textos escolares, antes de tener la edad para trabajar, es decir a los 16 años. En las vacaciones de verano ayudaba en la temporada de promoción de los textos escolares y cuando tuve 18 me sumaron al plantel como aprendiz de corrección. De manera que mi primer trabajo fue empezar a hacer correcciones.
Más adelante la gerenta general me sugirió que fuese su asistente principal y la ayudara a coordinar una colección pedagógica para docentes, que ella hacía.
Entonces fui combinando las dos tareas y es así que pude conocer prácticamente todo el escenario de la editorial, principalmente la producción con tareas de edición y coordinación. Hasta que dejé Aique a los 22 años y empecé a trabajar freelance para muchas editoriales del país.

¿Cómo fue el nacimiento de la editorial Pequeño Editor, los mayores retos a los que se enfrentaron?
Yo no participé de la fundación de la editorial sino que me sumé varios años más tarde. La editorial nació como un intento de publicar alternativas de edición distintas y de crear un espacio de desarrollo para autores que no venían del mundo del trabajo para niños, que tenían propuestas que también eran viables para los chicos, menos masificadas, menos convencionales, menos seguras.
Hay que entender eso en el marco de la producción editorial en la década de los 90’s de la Argentina y en la crisis del 2001. Entonces había varias miradas principales: una, hacer una creación más original, menos estandarizada, más desafiante, con géneros que no necesariamente seguían las normas del mercado. Especialmente darle al ilustrador el rol de autor, lo cual coincidió con el desarrollo de la editorial del Eclipse, que tenía la misma perspectiva; es decir, dotar de derechos autorales a los ilustradores y darles por medio de los libros la posibilidad de expresarse completamente, tanto como la tenían los autores de los textos: instalar el género del libro álbum. Yo les diría que el desafío principal fue ese, lograr un sello editorial que tuviese esos contenidos.
Después había otro desafío que era tener el capital para imprimir. Por eso se aliaron inicialmente con la imprenta Latingrafica, que imprimía y a la vez era socia; y después otro de los desafíos que tenían era realmente comercializar los libros. Comercializar en las librerías, hacer visible la editorial. Lograr que esos libros que eran tan desafiantes fuesen percibidos en el mercado e interpretados como un material legible. Y eso llevó casi todos los años de trabajo de la editorial porque en principio eran celebrados por la crítica cultural, pero la verdad es que era muy difícil en la librería interpretar a qué clase de producto se refería; si eran para chicos, si eran para grandes, que eran esos formatos que en el inicio eran canciones, textos pequeños... como los de la colección Fuelle.
Y finalmente tuvieron un reto muy grande Ruth y Diego** que fue profesionalizar la editorial. Cuando lo estaban enfrentando fue que me sumé yo, es decir convertirlo en un lugar donde se produjese de manera constante, se llevase una aburrida pero inevitable contabilidad, se proyectase un plan editorial cronogramado, se concibiera la editorial como un proyecto sustentable. Todo un trabajo profesional relacionado con el negocio editorial. Eso era algo que no había estado presente en la fundación del sello, porque su origen era puramente creativo, artístico.

Entendemos que Fuelle es la primera colección, el semillero como ustedes la llaman ¿Por qué ese formato, esa encuadernación, siendo la primera colección? ¿Por qué no recurrieron a algo tradicional? ¿Qué hizo que fuera así el comienzo?
La colección Fuelle cumplía alguna de las cosas que les comentaba inicialmente, una era darle un formato físico particular y original a contenidos que también tenían originalidad. Digamos, si ven los primeros textos, que formaron parte de esa colección son cosas muy breves, mini poemas, chistes, o como el de la mosca en la sopa de Diego, cosas muy, muy breves que no eran ni narraciones completas ni poemas en el sentido tradicional, pero que claramente formaban lo que podemos llamar un género de libro álbum, trabajo cruzado entre los lenguajes de la ilustración y el texto.
Entonces la colección Fuelle tenía un formato original. En ese momento los libros chiquititos no eran usuales, estos empezaron a ponerse en los mostradores de las librerías y además tenían una particularidad: no se encuadernaban, tenían una tira de cartulina pegada, que los hacía muy económicos en producción, entonces resultaba muy interesante esa combinación entre un rasgo de producción original, económico y un formato nuevo.

Nos gustaría pasar al libro Abecedario, abrir, bailar, comer y otras palabras importantes. Hace un par de semanas nos llegó el catálogo de Rue du Monde, y encontramos: L’abécéfaire ¿Cómo fue el pasaje del español al francés siendo un abecedario de verbos? ¿Cómo se llegó a la nueva publicación francesa?
El libro Abecedario ya se tradujo al italiano, al francés y al portugués ¿Cómo se hace esa traducción? Inicialmente cuando Ruth y yo comenzamos a pensar ese libro, que nos llevó varios años de producción con idas y vueltas, porque el trabajo es lento y en espiral dentro de la editorial. Lo hicimos armando unos cuadros donde ya cruzábamos las lenguas romances. Es decir, hicimos la lista del español a la izquierda, e íbamos poniendo a continuación el italiano, el francés y el portugués. Pusimos el inglés pero fue el que menos resolvimos. Entonces lo que hacíamos era pensar aquellos verbos que se podían replicar pero en otra letra, por ejemplo para abrir: ouvrir, para amar: aimer... Y así fuimos cruzando hasta encontrar que nos quedaban más o menos cinco espacios vacantes, nada más. Entonces los mismos verbos que utilizamos en español, podían reutilizarse para el francés aunque correspondiesen a otras letras. Esa es la propuesta que le hicimos a Rue du Monde. Entonces Rue du Monde la tomó, la evaluó, le gustó y propuso los cinco, seis verbos que faltaban para completar el abecedario, y Diego lo volvió a ilustrar.
Pero lo que quiero decir es que desde el principio el libro fue pensado para traducir a otros idiomas de origen latino. Y actualmente seguimos trabajando con el libro, la última transferencia es la edición audiovisual para programas de T.V. Ya tenemos hechas las primeras quince letras.

¿Qué es lo que buscan a la hora de pensar una colección? ¿Qué cualidades?
Otras dos colecciones que diseñamos: Panzadas de letras y Los duraznos las pensamos alrededor del lector, es decir, que necesitaba y que faltaba para un lector en determinada etapa del desarrollo de su capacidad lectora, y que nos daba ganas de producir alrededor de esas capacidades lectoras.
En el caso de Los duraznos muy claramente es un no lector, porque es una colección para bebés y nos dábamos cuenta que faltaban textos con sentido para los chicos de esa edad, para los bebés de esa edad, todo lo que había en el mercado eran palabras e imágenes, y nos parecían que no cumplían con la función de introducir a los chicos en el mundo de la cultura escrita y de producir textos con sentido, de producir una inmersión en el lenguaje real, entonces no había cuento, no había poesía, no había rima, no había juego de palabra, no había juego con lo visual y todo eso era algo súper importante entre el año y los tres o cuatro años, para los chicos, sobre todo para introducirlos en el placer de estar en contacto con un libro.
Respecto de Panzada de letras buscamos textos que los chicos que tenían entre seis o siete, entre cinco y siete años pudieran empezar a leer solos, a recorrer solos. Es decir que tuviera repetición de estructuras y de vocabulario, que los ayudara a anticiparse y que al mismo tiempo fueran interesantes para leer por ellos mismos, es decir que el desafío les interesara. Pero sobre todo para que tuvieran sus primeras experiencias de lectura autónoma. Eso principalmente para el desarrollo de esas dos colecciones. Como ven, están al servicio del lector.
Ahora tenemos ganas de desarrollar una colección de novelas para chicos a partir de ocho años. Y algunas más desafiantes, que ya responden a temas de agenda, es decir lo que circula entre las preocupaciones de la sociedad, pero interesante o profunda que no tiene una réplica en libros para chicos. Estamos diseñando una colección alrededor de esa idea, y ya salió el primer libro que se llama Como cuidar a tu cachorro, es un libro de tenencia responsable desde la experiencia y la perspectiva de los chicos.

Entendemos que proponen y participan de eventos públicos de lectura, de creación plástica y de encuentro entre artistas, escritores y lectores ¿Por qué lo hacen?
Participamos de eventos públicos de lectura, de creación y de encuentros porque en principio creemos que es necesario difundir el mundo de la cultura escrita y que si no lo hacemos no hay modo de que los libros tengan valor. Hay un trabajo activista que tenemos que hacer los editores para darle valor a la cultura escrita. Eso por un lado, y por otro nos da mucho placer esos eventos que son de pura experiencia, nos parecen entretenidos, nos hacen pensar en los contenidos trabajados y nos da la posibilidad de abordarlos de otra forma. Nos parece que con esas actividades se forman lectores, nos encanta estar entre los chicos y es parte de nuestro trabajo cultural.
Han pasado casi 15 años de Pequeño Editor. Hemos leído en una de las primeras entrevistas, por el año 2004, parte del equipo responde “haremos camino al andar” ¿Cómo fue entonces ese andar pasado los años y cómo piensan la marcha futura?
En 2017, Pequeño Editor -fundada originalmente por Diego Bianki y Ruth Kaufman- cumple 15 años. Íbamos a hacer una gran fiesta, pero Diego está enfermo y tendremos que esperar a 2018. Pero es una postergación que aceptamos con alegría porque festejaremos doblemente: ¡la recuperación de Diego y la vida de la editorial!
Nuestros desafíos... El primero es económico. Pese a ser una editorial consolidada en términos de prestigio y presencia en el sector infantil de la Argentina, la crisis del sector y los cambios en las políticas públicas nos afectan. Como la mayor parte de los sellos independientes en la Argentina, es decir sin una espalda financiera, cada año representa un reto de supervivencia.
Y luego, nos encontramos ante dos desafíos creativos: Por un lado, seguir haciendo crecer nuestro catálogo dentro de un contexto donde el libro álbum ya no es novedad, donde la poesía ilustrada no es novedad y donde hay muchos haciendo cosas de calidad. Nos gustaría explorar géneros y formatos diferentes, seguir produciendo un catálogo significativo por su búsqueda creativa.
Y otro desafío, profundamente imbricado con los otros dos, es ampliar los márgenes de nuestro desarrollo de contenido. Desde este año, la editorial está realizando desarrollos audiovisuales a partir de algunos de sus libros. Además, genera proyectos culturales donde se proponen experiencias, es decir donde los chicos tienen una vivencia, una instancia realizativa. Estos dos formatos, y otros que estamos pensando, nos llenan de entusiasmo, porque nos ofrecen el desafío de pensar para la infancia con otras herramientas, reuniéndonos con otros creadores, apelando a tecnologías distintas de las del papel. En este sentido Pequeño Editor, que se siente muy atento a las transformaciones de nuestra cultura, también se siente una productora de contenido para la infancia.
Se trata de ampliar la búsqueda de recursos y creaciones para hablarles a los chicos de manera profunda y significativa sobre el mundo, sobre las cosas de la imaginación humana, sobre ellos mismos. Ser una empresa autosuficiente y ser cada vez más creativos. Ese sería el concepto general para nuestro futuro.

*Marcela Mangarelli es editoria en Doubledutch Books y Natalia Volpe es ilustradora y diseñadora. 

**Ruth Kaufman: Editora literaria y Diego Bianchi (Bianki): Director artístico, fundadores de Pequeño Editor.

……
IMÁGENES
1.    Colección Fuelle. Toto y Rey Gusti
2.    Abecedario. Ruth Kaufman / Raquel Franco. Ilustrado por Diego Bianki
3.    Colección Panzada de letras. Un gran misterio.Jenny Pineda / Pablo Elías
4.    Colección Los duraznos.5 Besos.Ruth Kaufman / Diego Bianki
5.    Mi perro Trueno: Cómo cuidar a tu cachorro. Marcelo Pérez / Chanti



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