lunes, 23 de enero de 2017

Cartas de una escritora a sus escritores de infancia... María Negroni: 22 cartas extraordinarias (Demipage)

En los años 80, cuando España salía a toda pastilla de la dictadura, la literatura infantil buscaba también encontrar su sitio. No era una época fácil para la literatura infantil: aunque muchas editoriales como Alfaguara, Altea, Espasa Calpe lanzaban colecciones con lo mejor de todo el mundo, definir una literatura "con etiqueta" resultaba complicado.

En aquellos años apareció un libro que nos ayudó enormemente, pues lo escribía un gran filósofo reivindicando la importancia de sus libros infantiles. El libro era La infancia recuperada, de Fernando Savater. Un libro que todavía hoy leo con enorme gusto y recomiendo siempre que puedo. Han pasado muchos años desde entonces y los libros para niños ocupan un lugar indiscutible en hogares, bibliotecas y escuelas.

 Sin embargo, siempre es una alegría encontrar libros que adultos que hablan de sus lecturas infantiles o rinden homenaje a sus autores, como el que ha escrito la argentina María Negroni.

22 cartas extraordinarias se publicó en Argentina en el año 2014 con ilustraciones de Fidel Sclavo y ahora ven la luz en España de la mano de la editorial Demipage, en una excelente edición con ilustraciones del francés Jean-François Martin. La investigadora y ensayista María Negroni ha hecho en este libro un bello homenaje a los autores que acompañaron su infancia. Pero no se ha limitado a hablar de sus libros, sino que estas cartas son, en sí mismas, todo un ejercicio literario.


Negroni pone en marcha una imaginativa secuencia de cartas metiéndose en la piel de sus protagonistas: Stevenson escribe a Fanny, la protagonista de Papaíto piernas largas escribe a su autor, Swift se dirige a sus amigos. Todos ellos desvelan claves de su obra, de su vida, de sus aspiraciones o frustraciones. Negroni crea momentos que nunca existieron desvelando a estos nuevos lectores que somos nosotros los mundos interiores de todos estos personajes. Pero también, de una manera muy sutil, rinde homenaje al acto de escribir, a esas mentes creadoras e incansables, a sus musas y enemigos.


Mark Twain escribe a Huck:

Es mejor ser un niño sucio, Huck, un niño hambriento, abandonado y libre. ¿Cómo pude ignorarlo? Ah si pudiera morirme por unos días. Irme lejos, muy lejos, a buscar signos al pie de una caverna: una piedra, una espada, una luna colorada
Louise May Alcott, a Emily Dickinson (a quien nunca conoció):
Uno de esos poemas, el que más me impactó, empieza así: 
Me encierran en la prosa - /Como cuando de chica  /Me encerraban en el baño / Para mantenerme quieta- . 
¿Cómo explicarle el efecto que esos versos surtieron en mí? ¿La necesidad inmediata que sentí de escribirle, aun cuando Higginson habló, con insistencia, de su carácter reservado?
Emilio Salgari a sus hijos:
Hay que romper el contrato con lo cotidiano para poder ser quien se es, vale decir, un desconocido para los demás y sobre todo, uno mismo.
Hans Christian Andersen a Joseph Cornell:
Recuerde que el tiempo ese una ficción, que vivir de hotel en hotel y no moverse de una avenida llamada Utopía no hay diferencia, que las mejores ciudades son las que se abrazan de noche, y que los poemas son adivinanzas para pequeños príncipes. 
J.M.Barrie a sus hijos adoptados:
Nada de lo que ocurre a los 12 años importa demasiado, os lo aseguro.


Ch. Bronte tacha una carta entera dirigida a un amante;  Lewis Carroll escribe, decepcionado, a una Alicia que crece; en la de Verne hay un bonito juego de diseño para hacernos ver un mapa-mundi mientras leemos cómo le cuenta a su padre algo de su vida; J.D.Salinger escribe a un amor, y R.L.Stevenson lo hace para Fanny. 

Hay protagonistas de los libros que se atreven a escribir a sus autores, como Heidi cuando le dice a Johanna Spyri:
El abuelo me ha dicho que tú eres mi autora. ¿Qué quiere decir "autora"? Le pregunté. Y él contestó que me tejiste con lo que amabas: la tierra y el paisaje, las palabras, los recuerdos que se acurrucan contra lo invisible. Y que después me pusiste aquí, en tu refugio blanco y sedoso -el reluciente mundo de la nieve- como si dibujaras esas bellas imágenes que nunca se ven.

Me conmovió la carta de Jacob Grimm a su hermano Wilhelm cuando ha muerto:
No eran libros para niños. Nunca escribimos libros para niños, Wilhelm. Tú lo supiste enseguida, antes que yo. Por eso te opusiste, de entrada, a las censuras (que considerabas timoratas) y disentías con los editores sobre la necesidad de ilustrarlos.

¡Y qué decir de la carta de Collodi a Paul Auster! En fin, una delicia de libro, que nos conecta con lecturas infantiles, con esa memoria literaria que nos acompaña toda la vida, incluso sin darnos cuenta. El ejercicio de Negroni en este libro es de una delicadeza y armonía sorprendentes. Sus textos, además, están acompañados por las excelentes ilustraciones de Jean-François Martin que, a su manera, condensa en dobles páginas la esencia, no solo de las cartas, sino de libros que merecen la etiqueta de clásicos y que, ojalá, vuelvan a estar en manos de los lectores.



22 cartas extraordinarias de escritores muy reales
María Negroni
Ils. de Jean-François Martin
Demipage, 2016. 122 págs. 24€



2 comentarios:

Tarambanea por el blog

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