lunes, 22 de junio de 2015

Mi primera vez: Arianna Squilloni de A Buen Paso, se confiesa

En este blog nos encanta cuando alguien tiene una primera experiencia con los libros y su quehacer habitual. Ya invitamos a la responsable de Leoteca a que nos contara su primera vez en la Feria del Libro de Bolonia y, hace poquito, tuve la oportunidad de compartir un stand de venta al público con la editora de A Buen Paso. Para Arianna era la primera vez que encontraba a lectores para venderles sus libros. Este es un momento crucial por el que todos los editores deberían pasar: explicar sus libros, tratar de sostenerlos frente a la mirada de posibles lectores y la competencia de cientos de libros más. Se ponen en la piel de los libreros y comerciales que, día a día, defienden el trabajo de otros buscando un público atento a libros diferentes. Se dan cuenta, finalmente de los libros que "salen solos" en cuanto los abres, y los que "se caen" (en la jerga libresca) porque sus historias no se dejan narrar fácilmente. Como ella bien explica, pasó rápidamente del bloqueo a la exhuberancia que le caracteriza. Pronto se dio cuenta de que si una persona se para frente a su cuidada selección, hay que tratar de atraparlo con buenos argumentos. Y doy fe de que las historias que contaba Arianna sobre y alrededor de sus libros eran tan fascinantes (¡o más!) que las historias que estaban escritas en esos libros de su cuidado catálogo. Alguna tarde, desolada, me confesaba: "llevo toda la tarde hablando y no he vendido ni uno", y otras: "Hoy no fue mal, ¿no?". Gracias, loca desatada, aquí va esta singular experiencia...
Mi primera vez, por Arianna Squilloni

La Feria del Libro de Madrid no me ha dejado sin palabras, lo que me ha dejado es sin voz. El 30 de mayo, la primera vez que asomé la cabeza encima del mostrador de la caseta, lo hice con timidez, incapaz de articular palabra.

Sin embargo, una vez superado el primer impasse, contar cuentos, explicar historias, sugerir libros se ha convertido en un vicio. Tanto que habría habido que avisarles a padres, abuelos, niños, jóvenes, hijos, maestros: ¡quédense lejos de esa caseta! Allá hay una loca desatada que si te atrapa llenará de historias tu cabeza.
 
esta foto se la debemos a Diego Moscato
Proponer los libros que editas a cada lector de uno en uno es un ejercicio apasionante, un ejercicio a lo largo del que tratas de ir al corazón de una historia y mezclas tus palabras e ideas hasta que sabes que has dado con lo que esa historia contada en ese libro significa para ti.

Hay cosas que no sabes hasta el momento en el que logras expresarlas.

La repetición en la Feria del Libro de Madrid para mí es como la repetición poética, como las reiteraciones de Péguy: a la fuerza de enunciar sus alicientes, el día de cierre de la feria, por fin sabré porque he publicado cada libro de A buen paso.

Los encuentros son fascinantes, variados, es imposible quedarse con uno, ni con un puñado de ellos. Quizá con la persistencia de una niña que no acepta irse de la feria sin su copia de La noche de la visita; con un niño que, junto con su mamá, le regala una copia de Papá tatuado a su padre. O conmigo misma que, sin reconocerlo, le explico a Federico Delicado las maravillas del libro que ha publicado en A buen paso.

Y, sobre todo sobre todo, con un grupo de unos seis o siete chicos que el último día de feria se quedaron a hablar con Enrique Flores, imantados por su cuaderno de Nepal. ¿Cuántos años tendrían? ¿14? ¿15? Uno de ellos había recorrido junto con su padre parte del camino de Enrique, otro iba a ir a la India con un amigo. Pasaron un largo rato intercambiando impresiones, sugerencias, sugestiones con él. Acabaron rascándose los bolsillos para acumular las monedas necesarias para llevarse dos copias del libro.

La vida se vuelve bella, intensa y especialmente única, cuando alrededor de unas páginas pintadas, un grupo de personas redescubre experiencias comunes, memorias compartidas, o anticipación y expectativas con las que identificarse. Eso te hace sentir esencialmente humano. Un poco más arropado en medio de una vida que a menudo, al menos a mí, me viene muy grande.


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